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ARTICULOS
Hector Ciocchini
“Que decir de quien nos enseno la admiracion y el entusiasmo?”, escribio el poeta, ensayista y critico literario Hector Ciocchini al comienzo de su estudio sobre Arturo Marasso, su maestro. Reiteramos lo mismo. Que decir sobre aquellos que sentimos veneracion? Hablar de Ciocchini es nombrar a uno de los poetas fundamentales de nuestro pais pero tambien de un ser exquisito, unico. Su educacion – la de un verdadero humanista – le permitio desde joven intimar con la pintura, la literatura y la musica. Tuve el placer de escucharlo tocar Mozart o jazz en un piano vertical de su estudio o en aquella reunion inolvidable que comparti con Rocio en la casa de una amiga.
Siempre evoque a mis maestros, seres que me guiaron entre el fervor y el ensueno, en el sendero de la belleza unida al amor y a la amistad. Pero hubo dos que , sin duda, descifraron con ejemplaridad moral el asombro que ilumina el mundo: Luis Franco y Hector Ciocchini.
Conoci al profesor Ciocchini el 18 de agosto de 1977 en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, cuando me otorgaron el premio Arturo Marasso. El mitico librero Francisco Gil nos presento. Anos terribles. Habia regresado de Londres para continuar la busqueda de su hija Maria Clara, la adolescente desaparecida de “La noche de los lapices”. Anos de dolor, de misericordia, de gravedad intolerable. A partir de esa fecha comence a frecuentar a un hombre que me senalo el destino personal como experiencia intransferible. Con el tiempo conoci a Elda, su esposa, a sus otras hijas, a sus nietos. A nuevos y genuinos amigos. Alumnos y seguidores. No era una elite, era una especie en extincion. Con claras ideas sobre el derrumbe de una sociedad, del populismo, de la corrupcion, de la hipocresia, Ciocchini reunia seres magicos, talentosos, sensibles. Vasos comunicantes de otro mundo. Con genuina habilidad en reuniones dificiles de creer se discutia sobre arte. Y todas las opticas eran posibles. Y todas generosas. Hector, con el tiempo asi lo llame, me introdujo en lo mejor, en lo mas inteligente y sensible de nuestra intelectualidad. Eran ateneos donde se discutia de Platon, Marx, Aristofanes, Bakunin, Shakesperare, Orson Welles. Organizaba los encuentros con delicadeza y originalidad. Desde el teatro argentino hasta temas de bioetica. Comparti con el cenas, queimadas, conferencias. El Teatro Colon, El arca rusa. Conocio a mis hijos, los alento en la creatividad. Era admirable escucharlo hablar del mundo clasico o del Renacimiento, alternar su interes por Gongora o las letras modernas de Simone Weil o Martinez Estrada. Fui creciendo a su lado. Ciocchini me mostraba el verdadero saber. Todo en el era un dialogo inteligente y ordenado, con pausas que elevaban el tono del discurso. Sagrado. Su vocacion filologica por la traduccion y por aproximar las grandes obras de la cultura con sentido comparatistico era notable. En su biblioteca descubria inapreciables tesoros, preciosas ediciones.
Su voz velaba con lucidez la poesia. Lo escucho leerme textos en aleman, en ingles, en frances, en italiano. Un latinista de excepcion. Y el asombro estaba siempre presente. La cordialidad, la hospitalidad eran inimaginables. En esas bellas tertulias, me servia el te ingles con masas secas, aparecia el Satiricon de Fellini, o evocaciones de su amistad con Maria Zambrano o Rene Char. Su conocimiento aspiraba a la lucidez transformadora que solo los elegidos pueden tener. Estudiaba los simbolos, los velos del misterio, la armonia ardiente de lo poetico. Alejado de la intolerancia tanto como de la imbecilidad ensenaba las secretas vertientes, desplegando y entretejiendo, afecto con erudicion, sensibilidad y critica. Todo en el era revelacion. Veinte anos le llevo, a mi criterio la mejor, traducir El cementerio marino de Paul Valery. Y en cada edicion nuevos aportes. Confluian en el el designio de una obstinada busqueda del alma del hombre y la del universo.
Escuchaba con atencion, preguntaba buscando una respuesta que se integrara a un trabajo espiritual. Transmitia serenidad, imponia respeto, exigia excelencia Unia el pasado al presente. En su discurrir la vision de los orficos y la de los pitagoricos. La lectura en voz alta, la entonacion, el movimiento interior de la pagina. La plenitud que nos protege de la maldad y de la envidia.
Profundamente religioso sabia separar el Poder del misterio. La voz del maestro indicaba lo anecdotico y lo trascendente. Hilvanaba lo inexplicable, era un mediador de lo espiritual del arte en sus signos rectores. Un itinerario donde indefectiblemente nos transportaba a la bondad primigenia.
Y tambien su sentido de comprension, de fina ironia, de mordacidad ante tanto ser mediocre, infatuado o buscador de fama. Todo en el era resplandeciente. Nunca le ofrecieron un sillon en la Academia Argentina de Letras.
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Hector Ciocchini nacio en La Plata en 1922. Fallecio en Buenos Aires el 19 de mayo de 2005. Dirigio el Instituto de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur desde 1956 hasta 1973. Alli edito los Cuadernos del Sur, revista con textos comentados y estudios. Realizo estudios e investigaciones den el Warburg Institute de la Universidad de Londres sobre temas de iconografia y de retorica. Fue profesor de estilistica, literatura medieval espanola y literatura del Siglo de Oro Espanol. Dio cursos de posgrado en la Universidad Hebrea de Jerusalen. Pronuncio numerosas conferencias en King’s College de Londres, Saint Catherine’s College de Oxford y en la Universidad Complutense de Madrid.
Toda su obra refleja a un poeta culto, tierno y melancolico. Sin paralelo en nuestra literatura se convierte en una voz solitaria de impredecible repercusion. Su creacion ofrece densidad y belleza, pesimismo e intensidad. El poeta, que capta la vida en plenitud, se instala en la celebracion de cada cosa, pues sabe que de ella surge lo bello. La fuerza de su poetica sella la armonia natural, el equilibrio interior. Su creacion ofrece crecimiento humano y requiere un dialogo sereno y profundo. La sugestion de su obra poetica revela bondad y trascendencia. Jubilo en la contemplacion de la belleza.
Algunos de sus libros son: Los dioses, Los sagrados destinos, El desorden y la luz, Herbolario, Los relojes solares, Ofrenda, Los usos de la tierra. En Espana se publico su antologia poetica Como espejo de enigmas (1949-1999). Ha comentado y traducido El cementerio marino de Paul Valery. Y el libro de relatos Camera oscura.
Publico ademas Iconografia de la imaginacion cientifica, La Revolucion Francesa, Monstruos y Maravillas, entre otros ensayos.
Carlos Penelas
Buenos Aires, 20 de mayo de 2005
Ramon Sampedro, un humanista del siglo XX
Quien ensena al hombre a morir, le ensena a vivir.
Montaigne
Para amar a Ramon Sampedro, para comprenderlo y admirarlo, conviene hacerlo desde su entera y jubilosa aceptacion del mundo. Tal vez deberiamos releer a Erasmo, penetrar en su concepto de la libertad volitiva, aquello de poner a salvo el libre albedrio, la naturaleza humana, reconocer su dignidad de agente moral y espiritual.
Diez anos atras, vi con Rocio un reportaje en la television de Galicia: un hombre tetraplegico pedia morir con dignidad. Explicaba sus razones sin dramatismo. Nos impresiono su lucidez, su vitalidad, su coherencia. Su voz exultaba una vigorosa cosmovision, una enunciacion espiritualizada. De fina ironia evocaba a Adam Parvipontanus, dialectico del siglo XII, en cuya escuela, situada a la orilla del Sena, sus discipulos discutian: “Cuando un cerdo es llevado al mercado ¿es el hombre o la cuerda quien lo sujeta?” Ya la teologia escolastica habia llegado a un nivel de inusitada sutileza. El dialectico, con estas preguntas, ponia de manifiesto un pensamiento, una actitud, una forma de ver el mundo: la imagen caprichosa e inescrutable de un sistema perverso. Ramon, con sus palabras, desnudaba lo mismo. Desde lo racional y lo emotivo.
Durante anos segui su lucha. Firme un petitorio apoyando su clara decision de abandonar “su patria y su universo”, es decir, su cuerpo, “su propiedad privada”. No hablaba en nombre de los pacientes terminales ni de los cuadriplegicos. Todo lo contrario. Hablaba de Ramon Sampedro, de su determinacion. Solo no podia realizarlo. Debo confesar que fui yo quien le alcanzo el vaso.
Ramon Sampedro es un simbolo de nuestra epoca. Un hombre que con su actitud lucho por las diferencias; un espiritu libertario dispuesto a romper vallas y a superar fronteras. Porque la libertad debe ser pensada como libertad frente al destino, frente a la presencia divina, como creacion de valor, como libertad filosofica. Hizo lo que muy pocos seres pueden: un viaje iniciatico. En ese autentico peregrinaje, lleno de dolor, nos ensena sobre la condicion humana. La solidaridad puede marcarnos con destellos inimaginables. Deslumbrado por su fuerza, por su grito interior . Su vida fue una meditacion sobre la esencia del ser humano. Hay estremecimiento en su obra poetica, inspiracion avasalladora.
Cuando yo caiga
Cuando yo caiga, como fruto maduro del arbol de la vida, / dejadme alli mismo, donde yo caiga, / para que me abrace el sol y el viento y la luna / que la vida me devore, dentellada a dentellada. / Que cada uno recoja el amor que me dio: / la luz, su luz; el agua, su agua; / la tierra, su ceniza; su espiritu, el viento. / Que coja cada uno lo que le corresponda. / Pero que no me oculte la codicia humana / en la mazmorra de los muertos, en una jaula sagrada / aferrada a un recuerdo, llorando como un nino / que no quiere devolver lo que se le presto. / No me cubras de tierra ni me metas en un nicho. / Si no quieres mirarme, llevame a campo abierto, / dejame contemplar el cielo para irme repartiendo / entre todo lo quiera llevarse algo de mi: / Un gusano, una mosca, un pajaro cualquiera... / Hasta que me consuman por amor regalado / para empujar la vida sonando pero libre, / que cada uno recoja lo que me dio prestado. / Asi, cuando yo caiga, dejadme caido / para retomar a la vida alli donde yo caiga.
En su historia la idea de la libertad en el Renacimiento. Una habitacion en una casa de piedra, campesina. La belleza mitica de Galicia, lugar en el que los hombres se prueban a si mismo. Su sonrisa y su inmovilidad genera un espejo. Y nos afirmamos en su obstinada dignidad.
Desde ese lecho, sin reticencias, senalo y puso al descubierto lo que de innoble hay en los individuos y lo que de despiadado tiene una sociedad. El ritmo de su respiracion nos transporta al bosque, a la Galicia interior, al mar, a la grandiosidad de Wagner. Y nos deja un atisbo de esperanza, como la vision de Sisifo. Sampedro murio por el y por nosotros.
Esta sociedad quiere sofocarlo todo. Ramon es otro de los santos inocentes. Mar adentro, la magnifica pelicula de Alejandro Amenabar, nos compromete. Afirma que una sociedad sin opresion y sin sumision es posible. El trabajo -profundo, entranable, colosal- de Javier Bardem, junto a un elenco de excepcion, se hace vivido y tangible; se corporiza en ellos. Lo que permanece latente es la emocion, la apetencia de sonar con el amor, con la utopia. “Porque ama uno la vida / cuando se muere” escribio Rosalia Castro.
Mas que una escuela, el humanismo es una forma mental, un estilo de vida, una apetencia de concordia, de universalidad. Y el concepto de dignidad humana involucra el de libertad en su amplio sentido politico, social y moral.
Digo sobre su propia voz: “Senores jueces, autoridades politicas y religiosas: no es que mi conciencia se halle atrapada en la deformidad de mi cuerpo atrofiado e insensible, sino por la deformidad, atrofia e insensibilidad de vuestras conciencias.”
Carlos Penelas
Buenos Aires, 14 de febrero de 2005
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